Buscando entre mis cosas me encontré con un libro de un tal Javier Rodríguez Coria, que cargué desde España, dedicado principalmente a los epitaphios (epi-sobre, y taphé, sepultura) y el arte de los cementerios en Cataluña.
Me he divertido mucho leyéndolo, particularmente por las barbaridades que se pueden decir (¡y escribir en piedra!) respecto de un cadaver, aunque les advierto que el libro original no es de corte humorístico.
He buscado por Internet otros y finalmente les presento aquí la correspondiente selección realizada sin rigor científico alguno:
Ya no tose.
- Anónimo
Perdone que no me levante.
- Atribuido a Groucho Marx
Resucitaré.
- Tumba de Teresa Ferrer, 1928.
Aquí yace el sustituto del Registro de la Propiedad de Baeza.
- Cementerio Cala en Madrid
Ya decía yo que ese médico no valía mucho.
- Epitafio creado por Miguel Mihura.
Aquí yace un famoso Cardenal que hizo mucho bien y mucho mal; pero el bien lo hizo siempre mal y el mal lo hizo siempre bien.
- Lo que debería decir la tumba de Richelieu.
Lamento confesaros que os dejo con placer. Advertí entre vosotros demasiados obtusos, demasiados groseros, demasiados histriones y demasiados bárbaros.
- Atribuido al historiador Vicente Silió.
Aquí yace boca arriba uno que cayó de bruces muchas veces en la vida.
- Epitafio de Antonio Espina
Finalmente, recuerdo con cariño el epitafio que me decía mi abuela Idilia Reusser que quería en su tumba:
Lo que vió lo contó / y a muchos sirvió.
Como nos partíamos de la risa delante de ella imaginando que confesaba desde ultratumba que siempre había sido una vieja chismosa, finalmente se enojó y dijo que ya no quería ninguna cuestión.
Y afortunadamente así se hizo.






