Como todos saben, todos los 21 de mayo los Presidentes de la República de Chile dan cuenta ante el Congreso Nacional de la marcha del país y hacen el ofertón de las cosas que quieren hacer a futuro.
Este año, la Presidenta Bachelet ha anunciado miles de becas para cursar doctorados en el extranjero destinadas a los mejores estudiantes universitarios, pero sin referirse o, peor aún, sin considerar las externalidades negativas de una iniciativa de este tipo.
La académica de la Universidad de Chile, Rosa Devés Alessandri (en la foto) escribió en El Mercurio del 22 de mayo de 2008, la carta que reproduzco a continuación:
Señor Director:
En el mensaje presidencial se ha confirmado que el Gobierno realizará un importante esfuerzo para que los mejores egresados de la educación superior accedan a una beca para seguir un posgrado en el extranjero. Una forma alternativa de expresarlo es que el Gobierno se ocupará de que los posgrados nacionales eduquen a aquellos alumnos no tan buenos.
Puesto que quienes sostienen la investigación nacional son mayoritariamente los alumnos de doctorado, esta medida aplicada sin contrapeso condenaría a la investigación nacional a la mediocridad, minando el esfuerzo de los últimos 40 años por desarrollar la investigación en Chile.
El país necesita más becas en Chile y más becas en el extranjero, pero por sobre todo vincular estos dos sistemas, internacionalizando los programas nacionales. Entre otras acciones posibles, debemos destinar más recursos para que los tesistas chilenos realicen pasantías en el extranjero, asistan a congresos internacionales a presentar sus resultados, los egresados realicen posdoctorados, exista un mayor intercambio académico y los programas nacionales atraigan alumnos talentosos desde el exterior. Internacionalizar los programas nacionales implica también reconocer su costo verdadero. Una beca internacional puede llegar a costar, sólo por concepto de arancel, hasta 20 veces lo que el Estado entrega a las universidades chilenas por alumno becado, que es sólo un millón de pesos anuales (claramente insuficiente).
Por último, cualquier política de becas debe considerar la gran inequidad que existe hoy en el sistema nacional, debido a las distintas condiciones en que estudian alumnos que tienen igual compromiso, dedicación y talento, unos con beca, otros sin apoyo.
Esperamos que durante su implementación la política de formación para la investigación y la creación se enriquezca en ideas y considere las consecuencias de una aplicación poco reflexiva.
ROSA DEVÉS
Profesora Universidad de Chile
Poco más se puede agregar, salvo reforzar la idea de que, con una idea tan bien intencionada como mal planteada, nos cargaremos la investigación chilena por unos 20 años y destruiremos nuestros sistemas de postgrado, quedando fuera de competencia en el ámbito universitario internacional.
La Universidad de Chile piensa Chile, dice nuestro eslogan y ello es así, tal como se evidencia a través de la carta de la profesora Devés.
Pero claramente el Gobierno de Chile no está pensando en sus Universidades.






