¿Anda corto de dinero?, ¿su nivel de ingresos no le permite acceder a instrumentos crediticios?.
Le tengo una solución fácil, sencilla y legal.
Todo lo que necesita es su carnet de identidad y concurrir a una oficina de inscripción electoral. Una vez allí, inscríbase en los registros o, si ya está inscrito, cámbiese de circunscripción electoral, que es gratis.
Cuando esté realizando el trámite, le consultarán sobre su profesión u oficio, y en ese momento mienta. Diga que es médico, que es ingeniero civil, ingeniero comercial, abogado, odontólogo u otra profesión a la que socialmente se le atribuyan altos ingresos.
No tenga miedo alguno, mentir no es un delito y el Servicio Electoral le pide esa información exclusivamente para darle valor a su propia base de datos, y luego venderla en el mercado.
No le preguntan su profesión u oficio para darle derecho a voto, pues todos tenemos los mayores de 18 años tenemos ese derecho. Tampoco le preguntan esa información para designarlo vocal de mesa, pues discriminar a las personas en las cargas públicas en razón de su profesión u oficio está prohibido. Tampoco preguntan para saber si usted sabe leer y escribir, porque si no preguntarían eso derechamente.
Lo hacen, como ya le dije, para aprovechar su información y canjear sus derechos ciudadanos por dinero contante y sonante.
Así que, aclarado ese punto, sigamos adelante.
Una vez concluido el trámite, en unos 30 o 60 días le llamarán de algunos bancos, como el Banco Santander.
Pedirán hablar con, por ejemplo, el ingeniero fulanito de tal (usted) y le ofrecerán cuenta corriente y tarjetas de crédito y otros productos que nunca les ha solicitado.
Y aquí empieza su pequeña mise en scène: muéstrese vagamente desinteresado para, finalmente, aceptar los productos del banco con algo de fingido desgano.
Cuando la ejecutiva que le llama crea que ya tiene cliente nuevo, le pedirá una copia de su carnet de identidad y le preguntará si allí figura su título profesional. Usted dígale que nunca ha hecho el trámite de registrar su título en el Registro Civil, asi que el carnet no dice nada.
Entonces le pedirán, ¡atención, este es el momento crítico!, que les envíe por cualquier medio una copia de su títulación, pero usted debe decir que no tiene ninguna copia a mano, que para obtener un certificado del título tendría que ir a la Universidad, pagar los derechos, esperar que le entreguen el documento, que lata, que horror, sabe que más no quiero ni la cuenta ni sus tarjetas y sería todo.
Ahí opera el milagro y, ante la perspectiva de perder un cliente, le dirán que bueno, que no importa, que ya les mandará Ud. sus antecedentes apenas pueda, y que una ejecutiva pasará mañana o pasado con los productos y los formularios para que usted los firme.
¡Et voilà!. Es usted uno más de los infelices cuentacorrentistas de nuestro país, sin cometer ningún ilícito y gracias a un infame sistema jurídico de (des)protección de los datos personales.
Si no ha entendido del todo lo que ha pasado, se lo explico en cámara lenta: el Servicio Electoral vendió ilegítimamente sus datos a la banca, contrariando todas las normas y principios internacionales sobre la materia, y la banca creyó en lo que decía el Servicio Electoral.
Luego, los bancos han tomado los datos, los han procesado, y seleccionaron a quienes tenían el perfil necesario para ser sus clientes y fueron a por usted, ofreciéndole lo que nunca les ha solicitado.
¿Maravilloso, no?.
Ha hecho funcionar la economía de mercado en su favor.
Pero no se ilusione ni entusiasme: la cuenta corriente y las tarjetas, más temprano que tarde, hay que pagarlas.
Pero la cara de palo del Servicio Electoral, no tiene precio.






